Un monstruo vino a verme

“Y el Oscar a la mejor película de 2017 es para… ¡La La Land! “ Así anunciaron Faye Dunaway y Warren Beatty , los legendarios Bonnie and Clyde el fallo del jurado, que ponía el broche de oro a la 89º Edición de los Premios Oscar. Ceremonia en la que La La Land quedaba  consagrada como la gran triunfadora de la noche con cinco estatuillas. Un film destinado a marcar una época. Una obra maestra. Una candidata a marcar un antes y un después en el cine. Una… ¡Esperen!

La historia no es así, ni mucho menos.

Porque cuando el equipo en bloque estaba celebrando  el triunfo y haciendo ronda de agradecimientos, el productor de la película Jordan Horowitz tomó el micrófono y soltó un bochornoso “No, esperen, no hemos ganado nosotros. No es coña. Ha ganado Moonlight” mientras enseñaba al mundo entero la papeleta.  El bueno de Warren se había equivocado al leer la ganadora,  y había provocado sin quererlo el fallo más garrafal visto hasta la fecha en la gala de los Oscar.

Este esperpento fue el pistoletazo de salida del 2017 cinematográfico. Un año en el que el cine, poseído por el  espíritu La La land,  ha mostrado al mundo los fallos que algunos habían señalado  desde hace años. El  más grave de todos se llama Harvey y se apellida Weinstein.

Si lo comparáramos con una película, el caso Weinstein  sería un sleeper: Una película pequeña y sin pretensiones  que acaba convirtiéndose en un taquillazo. En este caso, todo comenzó con el  oscuro rumor de un poderoso productor de Hollywood que llevaba años  abusando de todas las actrices que podía. Era un secreto a voces  que todos sabían en La Meca del cine, pero que también callaban por miedo y por los acuerdos judiciales firmados bajo los efectos del trauma por un ejército de abogados.

Hasta que gracias al testimonio y la denuncia pública y judicial de 100 valientes  mujeres (Entre las que hay desde superestrellas de Hollywood hasta humildes secretarias)  se reveló  al monstruo  que como Pennywise (El payaso de It) vivía en las cloacas del cine, entre los despachos y  las suntuosas fiestas de Hollywood. Un monstruo que iba a ver a las mujeres para abusar de ellas con total impunidad.

Weinstein se convirtió de la noche a la mañana en CEO and founder de la Monster Bros: Un selecto club de profesionales de Hollywood denunciados por abusos sexuales que se ha llevado por delante a productores, directores y artistas.  El miembro más destacado junto a Harvey (Hasta hace 6 meses, un legendario productor de cine)  ha sido Kevin Spacey.

El actor,  con fama de raro desde que pisó por primera vez un plató, fue denunciado por el también intérprete Anthony Rapp de acoso cuando tenía 14 años.  Doblemente oscarizado y peso pesado de Hollywood,  Spacey ha perdido su carrera en el cine, su serie de televisión (House of Cards) y su intimidad (Tuvo que salir al paso reconociendo públicamente la homosexualidad que llevaba toda una trayectoria  ocultando). Y si van a juicio las denuncias, puede que su libertad.

Y estos dos son solo la punta del iceberg  de una lacra que lleva años existiendo impunemente  en Hollywood. Una fábrica de sueños prisionera desde hace décadas  del machismo  y de una cultura del silencio de la que se está liberando  a marchas forzadas. Y que además  está salpicando con total merecimiento a algunas de las vacas sagradas de la industria (Sí, hablamos de ti Quentin Tarantino)  que callaron o fueron cómplices por amistad, vergüenza o conveniencia.

Pero no todo han sido malas noticias este año 2017. Especialmente para Disney, que ajena al caso Weinstein (Ya bastante tiene la compañía con las leyendas negras del propio Walt) sigue a lo suyo; convirtiendo los sueños y las ilusiones en máquinas de hacer millones. Este 2017 ha colado cinco películas entre las diez más taquilleras del año. Casi nada.  La guinda de su facturación anual la ha puesto el otro acontecimiento cinematográfico del año: El estreno de  Star Wars: Los Últimos Jedi.

Porque  lo queramos o no, Star Wars  siempre es un fenómeno social en sí mismo, da igual que pasen treinta años entre película y película o solamente dos  (Fruto de la estrategia vengadorizadora de la compañía). El planeta entero se paraliza  en cada estreno  y la starwarsmanía  vuelve al mundo. Se convierte en el epicentro de la vida social de muchas generaciones hasta que caen las luces, suena la música de John Williams  y las letras  empiezan a deslizarse sobre la pantalla.

Luego vemos a Luke Skywalker descuidado como Nadiuska en sus peores momentos y bebiendo leche de una vaca galáctica y de golpe y porrazo volvemos a la realidad. Puede que hayamos sacado a un monstruo de  debajo de la cama, pero tenemos a otro en el armario que como Harvey Weinstein, abusa de nosotros  y nuestras ilusiones aproximadamente cada dos meses. Solo que éste tiene forma de ratón, tiene la cola detrás, la voz más aflautada y las orejas sensiblemente más grandes. A barriga  eso sí, le gana Harvey.

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