Narcos…del fútbol

Ahora que la fiebre de Narcos ha vuelto a nuestras vidas junto a la insaciable necesidad por saber todo lo que hizo el ya célebre Cártel de Cali; es momento de recordar un famoso documental que profundiza en esa convulsa era colombiana marcada por el narcotráfico, el narcoterrorismo y la narcodemocracia. Hablamos de Los dos Escobar.

Enmarcada dentro de la antológica colección 30 for 30 de la que hablamos en su día, el título hace referencia a los dos Escobar más famosos de la época: Pablo, señor de la droga; y Andrés, defensa central de la selección de fútbol colombiana.

Este documental muestra las dos realidades con las que convivió  Colombia durante los años 90: La del miedo causado por los despiadados cárteles; y la del orgullo provocado por la era dorada del fútbol colombiano, cuyo ascenso y caída estuvieron paradójica y lamentablemente ligadas al tráfico de drogas.

Utilizando la clásica combinación de imágenes  y fotografías de archivo (Todas 100% colombianas) con testimonios de los protagonistas  de la era ( sicarios y políticos por un lado, deportistas por el otro), el documental entrelaza fútbol y (narco)política en diversos bloques que sintetizan la evolución a lo largo de los 80 y 90 de uno y otra.

Cada bloque (política y fútbol) se turna mostrando su evolución a lo largo de las dos décadas hasta que confluyen en un desolador final.

Y es precisamente en este montaje donde se muestra que aunque droga y pelota intentaron desvincularse, ambas siempre fueronde la mano: Pues si fue el narcotráfico el que impulsó al fútbol colombiano a su mejor época; fue la violencia que desató la que acabó con él.

Los dos Escobar, Pablo y Andrés, son los elegidos para representar cada una de estas realidades.

Pablo Escobar

Natural de Medellín, fue el inventor de los cárteles de la droga, del tráfico internacional de cocaína, el narcoterrorismo, la narcodemocracia, las guerrillas paramilitares… Y el narcofútbol. Fue uno de los primeros en utilizar el deporte de la pelota para lavar dinero, adquiriendo a finales de los 70 el Club Atlético Nacional de Medellín. Le seguirían Carlos Rodríguez Gacha “El Mexicano” que compró el Millonarios de Bogotá y los hermanos Rodríguez que se harían con el América de Cali. Para ellos era un capricho más:  Lo mismo les daba  sobornar árbitros que pegarles un tiro con tal de ganar. Llenaban sus aviones con futbolistas profesionales para jugar pachangas en sus haciendas, en las que apostaban a ver quién ganaría. Compraban partidos, campeonatos y hasta competiciones internacionales como la Libertadores.

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Y sin embargo, gracias a ellos- especialmente a Escobar- se construyeron las canchas de fútbol en las comunas populares de las que saldría la base de la exitosa selección que estaba por venir. Y lo más importante, de ellos fluyó el dinero que permitió profesionalizar el fútbol colombiano y retener a las estrellas locales; sentando sin pretenderlo las bases de la generación de oro colombiana.

Andrés Escobar

Natural de Medellín, fue uno de esos chicos que se crió en la calle jugando  en las pistas de fútbol construidas por los narcos. Disciplinado, honesto  (Era apodado El caballero del fútbol) y con un talento natural,  el fútbol le salvó de las calles y le permitió ingresar en el Nacional de Medellín que era propiedad de – sí, lo habéis adivinado- Pablo Escobar.  Tras ganarlo todo con su club como capitán; el seleccionador  nacional Pacho Maturana, lo llamó en 1990 para que formara parte del nuevo equipo que estaba armando. Un conjunto formado  por todas las estrellas del país  (Higuita, Valderrama, Leonel Álvarez, Asprillia o Freddy Rincón entre ellos) que contra pronóstico arrasó al mundo entero.

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Realismo mágico. Pura Colombia.Utilizando un extraño cóctel de pasión,  anarquía, talento e improvisación al estilo cafetero la selección colombiana formada por los productos del narcofútbol barrió a sus rivales y se clasificó para el Mundial de EEUU de 1994, convirtiéndose en una de las favoritas para ganar la Copa del Mundo y en el orgullo de una nación castigada por la violencia

El desenlace

Era 1994. Pablo Escobar había muerto y la selección colombiana partía como gran favorita para ganar el Mundial. Y otra vez  e igualmente contra pronóstico, cayeron eliminados a las primeras de cambio, incapaces de superar la primera fase. Para colmo, el último partido se perdió por un auto-gol de Andrés.

Diez días después sería asesinado a tiros en una discoteca por unos sicarios del Cártel de Medellín, propiedad del mismo hombre que una vez había sido el máximo dirigente de su club. El motivo del homicidio se debió a que los asesinos perdieron una apuesta deportiva. Ese día, Colombia perdió  más: El narcofútbol y a la generación más brillante de su historia, que nunca más volvió a jugar con alegría ni a repetir éxitos pasados.

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